Todos los que nos dedicamos a las tareas del arte sabemos que en materia de organización de exposiciones del tipo que nos ocupa no hay nada nuevo bajo el sol. Nos limitamos a repetir modelos expositivos ya experimentados en tiempos pasados y latitudes diversas.
Cambiará el alcance e importancia de la convocatoria o la trascendencia artística de los convocados. También se diferenciarán los presupuestos económicos. Pueden variar, en fin, muchas cosas, pero el modelo es único y ya nada original. La novedad y la excelencia siempre las aportarán ante todo los artistas con sus propuestas de calidad, con su originalidad y talento, y también los organizadores y los curadores con sus ideas novedosas, principalmente museográficas, con su autoexigencia y afán de superación y con la elección de los artistas y del tema o hilo conductor de la muestra, si lo hubiere, y con la ubicación escenográfica de las obras.... Ni hay nada nuevo en cuanto a ferias de arte, ni en lo referente a museos o centros de exposiciones por muy llamativos que sean sus edificios. Como tampoco es nueva la mirada crítica que busca nuevos valores en alejados países del tercer mundo.
¿Y qué es lo nuevo? ¿Y para qué lo nuevo por lo nuevo? Ya no podemos competir nadie por la novedad, sin caer en el esnobismo, sino por la singularidad o la diferenciación. No hay nada nuevo, ni debemos desearlo. No es necesario, y esta es nuestra declaración de intenciones: ARTESLES nace desde una posición de sencillez y sobriedad, contando con los recursos naturales y arquitectónicos que posee el maravilloso escenario del pueblo de Esles y su entorno inmediato; contando también con la ilusión y colaboración de sus habitantes; contando obligadamente con la energía, confianza y generosidad del Ayuntamiento de Cayón; y contando, en fin, con la contribución de todos aquellos patrocinadores que entiendan su importancia e interés. Y nace también con la idea del máximo respeto a todos estos recursos naturales y humanos, sabiendo que la clave de su éxito radica en la conservación exquisita y siempre vigilada de los mismos.
En la edición de este año hemos querido incorporar más espacios cerrados y otros semiabiertos que no se contemplaron en la del año pasado, convocatoria aquella experimental a todos los efectos, por otra parte. Asimismo, en la elección de los artistas hemos procedido a su ejecución movidos por un espíritu ecléctico, de manera que no se establecieran otros nexos entre ellos que los de la calidad de sus propuestas y la complementariedad de las mismas en un tono general de equilibrio entre forma y contenido, porque el objetivo primordial ha sido el asentamiento y consolidación del proyecto, por medio de la conquista de espacios expositivos nuevos y la captación de mayor cantidad de un público fiel.
En esta línea de perfeccionamiento, la gran preocupación de cara a nuevas ediciones de ARTESLES es la de conseguir una práctica totalmente moderada y sensata en las intervenciones técnicas que acompañan a las artísticas, en pos de una armonía entre escenario general, escenarios particulares y actuaciones artísticas y musicales, es decir, una armonización de partes, así como una mejor utilización de la iluminación artificial, de los horarios de las exposiciones y de los espectáculos, la supresión de ruidos ambientales, una presencia racional de la música, un freno a la afluencia excesiva y extemporánea de público y en general a todas aquellas acciones descontroladas que se pudieren producir desde el proyecto. Cayón, por sus altos valores naturales y paisajísticos, por su disposición urbana, repartida equilibradamente en cuatro barrios bien intercomunicados y, finalmente, por el interés cultural de su arquitectura religiosa y civil, conforma un conjunto urbano muy bien conservado hasta la fecha. Sería, pues, una lástima y un enorme error no atender ni conservar estos valores.
Ubicación y distribución.
El encuentro contempla existe un equilibrio entre espacios expositivos cerrados y espacios abiertos y semiabiertos. Entre los primeros destacan las capillas o ermitas con que tradicionalmente cuenta el pueblo, ya fuera del culto religioso al que estaban en su día destinadas, bien por secularización, como la de San Antonio, o bien por inactividad del mismo, como es el caso de la del Santo Ángel y la de Nuestra Señora del Pilar. Como bienes de interés histórico y arquitectónico que son, su actual uso cultural queda plenamente justificado frente a la decadencia y ruina que su inactividad cultual (de culto) les depararía en el futuro más inmediato. La ermita del Santo Ángel es la mayor de todas y la que presenta un estado de conservación mejor, al haber sido restaurada recientemente, durante el pasado año de 2003. De una sola nave, con presbiterio en alto, sacristía en el testero y coro sobre la puerta de entrada, a los pies de la nave, ofrece con generosidad grandes lienzos de pared encalados que permiten la exhibición de obras bidimensionales de gran tamaño.
De esa manera, allí se presentan la escultura en neón de Javier Arce, las pinturas de José Rosario Godoy, individualizadas en la sacristía, la escultura y relieves de H, los grandes óleos de Cveto Marsic y las fotografías intervenidas de Manuel Saro. La pequeña ermita o capilla de El Pilar guarda la instalación de Jorge Rojo, mientras que la de San Antonio ofrece una intervención, a caballo entre instalación y exposición de cuadros, de Luis Cruz Hernández.
Los espacios no cerrados totalmente o semiabiertos que se han utilizado en esta edición son el atrio de la iglesia parroquial de San Cipriano, con obra de Fernando Bermejo, el antiguo lavadero municipal, con una instalación de H, y un pequeño receptáculo de uso indefinido, quizá antiguo estercolero o leñera, situado en La Calle, también con obra de Fernando Bermejo.
Finalmente, cuatro obras de otros tantos artistas se sitúan en espacios abiertos del pueblo, en campas y prados, en la línea ya experimentada de la edición del año 2003.
Los artistas y sus obras.
La muestra actual, que podríamos denominar como fundacional, frente a la experimental del pasado año, presenta la obra muy diferenciada de ocho artistas del ámbito español, espacio de acción que también incluye al artista esloveno Cveto Marsic, al estar ligado a galerías de este país.
JAVIER ARCE
Las dos obras que presenta este artista cántabro, con una presencia ya muy consolidada en el panorama artístico español, pertenecen a ámbitos estéticos muy diferenciados, además de estar situadas en espacios intrínsecamente contrapuestos y físicamente alejados entre sí. La de interior es el punto central de la exposición colectiva de la ermita del Santo Ángel, donde funciona casi como una de aquellas antiguas lámparas votivas que colgando del techo de la nave central llegaban a voluntad casi hasta el suelo de la misma, para su encendido y mantenimiento. El autor plantea un juego de contradicciones al no titularla y sí titularla de la siguiente manera: Sin título (La cosa inútil, o esa alucinante fuente luminosa). Realizada en 2004 y ya exhibida en Madrid, en la galería Max Estrella, de donde procede, aquí, en el espacio de esta capilla, se convierte en centro de todas las miradas, por su poder lumínico, «bola de fuego», esa alucinante fuente luminosa que, cálida y no precisamente inútil, como afirma el autor, centra de una manera casi simbólica el ambiente de la ermita, nos atrapa, suspendiendo nuestra mirada.
Frente a la aparente inutilidad de la «cosa» de neón se encuentra la segunda intervención de Javier Arce, Tagging, en el jardín de la iglesia parroquial, un banco de ladrillo y cemento realizado in situ, y completamente cubierto con su firma autógrafa en plantillas de tres colores, amarillo, rojo y azul, a modo de etiquetas (tag, en inglés) superpuestas (tag on, añadir) hasta el punto de hacer desaparecer el fondo de cemento, produciéndose una nueva textura más allá del graffiti. En esta obra etiquetada, el autor está especialmente interesado en remarcar su utilidad al permitir y requerir su uso como asiento.
FERNANDO BERMEJO
La participación en la edición del pasado año de este artista residente en Esles, con una instalación al exterior de cajas de luz colocadas en los huecos de una casa, representando pájaros y aves de gran tamaño, ha marcado sustancialmente su presencia en la de este año. Su primera instalación, 'Árboles', en el atrio de la iglesia parroquial, constituye una adaptación a ese espacio de la que realizara en el mes de mayo pasado en el Palacete Embarcadero. En esta ocasión, las cajas de luz se presentan alineadas en el lado mayor del atrio frente a le verja que lo cierra, proyectando su iluminación sobre el bosque circundante. De esta manera recrea un ambiente mágico en un entorno ya de por sí mismo sorprendente.
La segunda de las instalaciones, 'Nevera', situada en La Calle aprovechando un hueco de una edificación de uso de labranza, es un punto más conceptual que la anterior, puesto que en ella, sin despojarse de su también intensa carga poética, se desvela en toda su extensión una intencionalidad conservacionista, mediante la expresiva metáfora de un frigorífico doméstico que guarda y conserva un paisaje de bosque. Ello, unido a una luz azul cobalto ambiental que inunda todo el espacio, hacen de esta obra todo un emblema de ARTESLES.
LUIS CRUZ HERNÁNDEZ
Actitud, pasión y compromiso son algunos de los términos que le sirven a Eugenio Castro (catálogo, Galería Siboney, Santander, septiembre de 2003) para definir la disposición vital y artística de Luis Cruz Hernández. Alegría y dolor, expresadas paradójicamente unidas con mordacidad, es lo que se desprende de aquellas en su aportación a este encuentro de arte, que también se desdobla en dos partes: la exterior, titulada 'Comienzo', y la interior, en la capilla de San Antonio, titulada, a su vez, 'Fin'. De entrada, la ironía y el juego paradójico que nos plantea Luis Cruz se nos manifiesta ya en los títulos de ambas intervenciones, pues la situación terminal del muñeco, que roza lo esperpéntico y se halla en lo grotesco, forma de comic, realización povera, más nos habla, en lógica convencional, de fin que de comienzo. Es, pues, la afirmación de lo insólito en toda su amplitud, que culmina en el interior de la ermita con dos obras fundamentales, el tríptico titulado Fin, que denomina el conjunto, y el gran cuadro central, dispuesto sobre el altar, que alude al Juicio de Paris.
H
Tras esta inicial se esconde la poderosa personalidad de un joven escultor madrileño que recientemente ha terminado sus estudios de Bellas Artes. Su aportación se desdobla, como la de la mayor parte de los artistas del encuentro de este año, en dos espacios: una instalación en el Lavadero Municipal y una muestra de su obra de pared, dos relieves, y una escultura de bulto redondo, en la ermita del Ángel. Si en estas últimas obras nos revela su interés y admiración por un reciente pasado pictórico y escultórico español (Millares, Navascués, Palazuelo, etc.), además de la propia influencia de sus anteriores estudios de arquitectura, es en la instalación del Lavadero, llamada 'Harbinger fish', donde expone en todo su brillo los sentimientos más imaginativamente hermosos de su fuerte y decidido temperamento, convirtiendo en realidad lo que se intitula presagio.
CVETO MARSIC
Las obras de este pintor esloveno, residente en Portugal, se muestran en la ermita de El Ángel, siendo cuatro cuadros de los que destacan especialmente dos de gran tamaño (200 x 240 cm.) y titulados Inmerso y Pisado, puntos centrales del lado del Evangelio de la capilla, lado que la tradición cristiana reservaba para la lectura del mismo, como fuente divina de luz y verdad. Obras plenamente abstractas, se vinculan con la tendencia más emocional de la no figuración. Nos encontramos ante un artista dotado de una fuerte sensibilidad y talento para el color, cuya aplicación la realiza manualmente sobre tales grandes superficies, en comunión intensa con la materia, denotando un apasionamiento digno de nuestra admiración. de color rojo, y en el otro, un atormentado suelo negro y blanco lleno de las huellas doloridas del pintor.
JORGE ROJO
La primera incursión pública de Jorge Rojo en el terreno de la escultura se materializa en 'Dieu est un fumeur de gitanes', título extraído y adaptado de una canción de Serge Gainsbourg y Catherine Deneuve, en el que ha cambiado la palabra havannes por gitanes, con el fin de jugar con la figura logotipo de una conocida marca francesa de tabacos. Siendo esta escultura un viejo proyecto nunca plasmado de sus tiempos de Burdeos, se centra en una tendencia pop del arte muy querida del artista, cuya capacidad de juego, de ironía, al tiempo que de sentimental ternura se manifiestan con conmovedora claridad en su instalación 'Cuando el mundo despierte', de la ermita del Pilar, en la que establece un distanciamiento muy marcado entre el espectador y el interior de la capilla, en el que se guarda la urna de una princesa que simboliza un mundo envenenado al que dificultosamente accederá el príncipe para despertarlo.
JOSÉ ROSARIO GODOY
La participación de este artista canario, de Las Palmas, en esta edición de ARTESLES, se plasma en dos intervenciones muy diferenciadas entre sí. Por un lado, presenta una obra pictórica de considerables dimensiones, realizada in situ, en una de las praderías del centro del pueblo, y por otro, una exposición individual de cinco de sus últimas pinturas de mediano formato en la sacristía de la ermita del Ángel. En el primer caso se trata de un hermosísimo trampantojo geométrico, pintura sobre plancha de hierro, en el que juega con el desarrollo de un cubo de colores abierto en el paisaje. La pintura de Godoy, de figuras geométricas intensamente coloristas y de imaginativos agrupamientos y recortes, tiene también ese componente lúdico y festivo de buena parte del arte pop internacional de nueva generación. Con ella el artista ha realizado en la sacristía de la ermita del Ángel una de las actuaciones más imaginativas e interesantes, si cabe, de esta reunión de artistas.
MANUEL SARO
Como en el caso de Cveto Marsiç, este reconocido y premiado artista madrileño, ligado también a la Galería Max Estrella y con raíces en el mismo pueblo de Esles, presenta exclusivamente obra de interior en el espacio de la ermita del Ángel. Se trata de cuatro fotografías intervenidas con pintura, sobre la pared de la Epístola de la capilla, más una de gran tamaño situada en la pared principal del presbiterio, en la visual de la puerta de entrada y eje principal del edificio. Estas consideraciones espaciales y geométricas son necesarias, puesto que hablamos de unas imágenes eminentemente arquitectónicas, que marcan visuales y puntos de fuga. A pesar de su apariencia fría, indudablemente racionalista, las obras de Manuel Saro establecen un diálogo muy atractivo y lúdico de visuales con el espacio mismo que las alberga.
FERNANDO ZAMANILLO PERAL/COPRODUCTOR Y CODIRECTOR DEL PROYECTO 'ARTESLES 2004'
El Diario Montañes